Cada
una de las estaciones del año conlleva cambios en nuestra alimentación y el
verano no es una excepción. Durante esta temporada, además de los
requerimientos generales del organismo, debemos prestar especial atención a
otros propios de la estación, como mantenernos bien hidratados o aportar al
cuerpo en cantidad suficiente aquellos antioxidantes que nos protegen del sol.
Los
helados son el producto estrella del verano y presentan una gran variedad,
aunque todos suelen tener algo en común: muchos azúcares y grasas y, por lo
tanto, muchas calorías. Si bien a nadie le va a perjudicar darse un capricho de
vez en cuando, la mejor opción es hacer sorbetes, batidos, helados y zumos
fríos con frutas de temporada como fresas, melocotón, albaricoque o cerezas.
Y si
hay un plato que en verano cobra especial relevancia, son las ensaladas. Se
trata de una manera de aportar a nuestro organismo gran cantidad de vitaminas y
minerales, además de otros nutrientes muy beneficiosos. Es una preparación que
admite gran cantidad de ingredientes, por lo que el límite lo ponemos sólo
nosotros y nuestra imaginación. No te limites sólo a las clásicas ensaladas de
lechuga, tomate y cebolla y prueba cosas nuevas
Todos
sabemos que el té, en todas sus variedades (rojo, negro, verde, blanco)
contiene grandes beneficios para nuestra salud, así que no te cortes y
conviértelo en tu bebida del verano tomándolo bien frío para refrescarte o,
incluso, con hielo picado en forma de granizado. Ah! Y si te gusta el limón,
prueba a añadir un chorrito.
Si bien
es cierto que en verano estamos más activos, los paseos, la playa o ese aumento
de actividad no requiere ni justifica aumentar las calorías consumidas (a menos
que el incremento en la intensidad de las actividades físicas sea muy elevado).
Así que debemos seguir teniendo la misma ingesta calórica que el resto del año.
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