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viernes, 4 de octubre de 2013

¿ES TAN MALA UNA HAMBURGUESA?


Cuando pensamos en hamburguesas siempre solemos asociar esa comida a la famosa “comida basura”, por lo que automáticamente la consideramos mala o perjudicial. Lo cierto es que una hamburguesa no deja de ser comida, por lo que nos va a aportar una serie de nutrientes beneficiosos, eso sí, debemos tener cuidado con la hamburguesa que elegimos, lo que tomamos con ella y si su consumo es muy a menudo.

Si tomamos como base una hamburguesa compuesta de pan, carne, lechuga, queso y tomate tenemos como resultado un plato que nos va a aportar al mismo tiempo hidratos de carbono, grasas, proteínas y vitaminas, por lo que se puede considerar una comida saludable y completa. El problema viene cuando a lo anterior le añadimos salsas en exceso (mayonesa, Ketchup…), huevo, carne y queso con demasiada grasa… Y por supuesto, cuando la acompañamos de un refresco y una generosa ración de patatas fritas. De esta forma, estamos convirtiendo una comida en principio saludable en otra con exceso de grasas y calorías.


De todos modos, debemos considerar que no es lo mismo tomar una hamburguesa en un establecimiento de comida rápida que en nuestra casa o en una hamburguesería tradicional. De todas las opciones, sin lugar a dudas, la mejor es la de hacer la hamburguesa en casa, ya que de ese modo vamos a poder controlar los ingredientes y su calidad. La peor opción, como ya os imaginaréis es la de las cadenas de comida rápida.

Hay que resaltar que, tomada en exceso a las comidas y/o cenas, la hamburguesa puede representar un problema; pero no va a pasar nada por darnos ese capricho una vez a la semana. Al fin y al cabo, si la sabemos elegir bien, es una alternativa para darnos el gusto.

viernes, 19 de abril de 2013

PIZZAS MÁS SANAS Y LIGERAS


Cuando pensamos en una pizza siempre la asociamos a comida que va a provocar que engordemos, pero esto no tiene por qué ser siempre así. Lo que sí es verdad es que si compramos pizzas congeladas o refrigeradas vamos a estar aportando al cuerpo demasiadas calorías… El truco está en preparar pizzas caseras y escoger muy bien todos los ingredientes…

En un principio, la pizza no deja de ser una base de masa parecida a la del pan encima de la que se ponen una serie de ingredientes que se cocinarán en el horno (puede incluso considerarse dieta mediterránea). Cuando la pizza es comprada, debemos tener en cuenta que, además de los ingredientes naturales va a contener aditivos, rellenos de queso en la masa, condimentos… Por ello, hoy vamos a presentar una guía de cómo preparar una pizza que podamos comer sin remordimientos ;)

Hay tres puntos clave a la hora de pensar en cómo vamos a preparar la pizza:

-          La base: la masa de la base es el primer punto que puede presentar problema ya que, dependiendo de la receta que utilicemos, puede ser más o menos calórica. Una receta sencilla y saludable es la que lleva 400 gramos de harina (puede ser integral), 300 ml agua tibia, 20 gramos de levadura en polvo, 1 cucharadita de postre de sal y 2 cucharaditas de postre de aceite de oliva.  Se mezclan todos los ingredientes y se amasa bien hasta que la masa ya no se pegue; se tapa y se deja reposar hasta el momento de usarla.

    -          El queso: suele ser un ingrediente que se encuentra en abundancia en las pizzas ya que las hace más jugosas y apetecibles. El problema es que este beneficio es a costa de añadir colesterol y grasas saturadas a la comida y, en muchas ocasiones, enmascarar el sabor del resto de ingredientes. Lo ideal en este caso es escoger quesos bajos en grasas o incluso de los llamados “light” y dejar aquellos muy grasos o muy curados simplemente para adornar la pizza de un modo muy ligero.

-          Los embutidos: un ingrediente que casi nunca falta en las pizzas son los embutidos (chorizo, bacon, salami, pepperoni, salchichas, salchichón…). Este tipo de ingredientes no son muy compatibles si queremos una pizza ligera ya que tienen un elevado número de calorías debido a su cantidad de proteínas y grasas. En este caso, podemos dejar de lado este tipo de embutidos a favor de otros ingredientes como jamón magro, embutidos ibéricos, pavo o pollo.

Y para terminar, vamos a dar algunas ideas que espero sean de vuestro agrado para cocinar pizzas ricas y sanas:

-          Pizza de verduras: salsa de tomate, mozzarella, calabacín, berenjena, tomate, pimiento rojo, champiñones y orégano
-          Pizza de salmón ahumado: salsa de tomate, mozzarella, salmón ahumado, tomate natural, champiñones
-          Pizza de champiñones: salsa de tomate, mozzarella, champiñones, jamón York y orégano
-          Pizza de atún y pimiento: salsa de tomate, mozzarella, atún en aceite, pimiento rojo, tomate natural
-          Pizza marinera: salsa de tomate, mozzarella, gambas, champiñones, espárragos
-          Pizza napolitana: salsa de tomate, mozzarella, tomate natural, anchoas y orégano

Y si lo que quieres es improvisar, casi todo te vale para preparar una pizza: pescado en conserva, pollo, pavo, espárragos, champiñones, tomate natural, gambas, piña, pulpo, mejillones, pimientos, espinacas, aceitunas, brócoli, calabacín… Y si te atreves, prueba a saltear una mezcla de hortalizas con ajo y ponerlas encima de tu masa de pizza, o incluso haz pizza de pisto. El caso es elegir ingredientes sanos y dejar las grasas a un lado.

lunes, 1 de abril de 2013

COMIDA RÁPIDA MÁS SALUDABLE


Siempre he defendido que en una dieta sana y equilibrada tiene su lugar cualquier alimento, incluyendo la comida rápida. El truco está en consumirla de manera moderada de vez en cuando y tener en cuenta los siguientes trucos:

-          Menos fritos: en algunos tipos de comida rápida, como aquellos donde el pollo frito es el protagonista, puede resultar una misión muy complicada tomar menos fritos; pero si hablamos de complementos del menú como rebozados y patatas fritas, lo ideal sería reducirlos al máximo por su elevado aporte de calorías. Además, hay que tener en cuenta que los fritos de los establecimientos de comida rápida no son tan saludables como los que podamos hacer en casa (con aceite de oliva poco usado y bien escurridos)
-          ¿”Cuanto más grande, mejor?”: si vamos poco a los establecimientos de comida rápida, podemos tener la tentación de, cuando vamos, aprovechar para pedir una bebida, una hamburguesa o un refresco más grande (además, suele haber ofertas para este tipo de productos). No debemos olvidar que en esos casos, las cantidades de azúcares, calorías y grasas van a ser el doble que si pedimos una ración normal
-          No necesitas un refresco: siempre asociamos la comida rápida con un refresco, pero esta unión no es indispensable. Muchas veces los refrescos que nos sirven en los menús de comida rápida son mayores de medio litro, con el aumento de calorías que eso conlleva. Además, este tipo de bebidas pueden dar lugar a digestiones más pesadas y problemas de gases.
-          Extras saludables: en algunos establecimientos, sobre todo en pizzerías, debemos configurar nuestro pedido en base a ingredientes extra que hay que elegir de una lista. Ten en cuenta que no es lo mismo añadir doble de lechuga que de bacon…

Teniendo en cuenta estos pequeños consejos, puedes disfrutar sin ningún problema de la comida rápida con moderación y de vez en cuando en tu dieta para poder concederte un capricho. Eso sí, trata de compensar este tipo de comida aumentando las verduras y frutas en vez de los refrescos y los fritos.