Todos
sabemos que existen alimentos en el mercado que tienen gran cantidad de
azúcares en su composición, pero no debemos olvidar que existen muchos otros
que contienen azúcar entre sus ingredientes y que pasan desapercibidos. Uno de
los casos más llamativos es quizá la gran cantidad de azúcar que se “esconde”
en una lata de refresco, pero existen más ejemplos de este tipo de alimentos
como los zumos, refrescos, bollería, galletas, helados, yogures, salsas,
cereales de desayuno, conservas y chocolates.
Hay
alimentos que, de manera natural, ya incorporan azúcar en su composición, como
la leche, la fruta o la miel; pero en otros muchos casos, como los dulces, la
bollería o las galletas, el azúcar se añade durante la elaboración. En este
segundo caso, se trata de azúcares artificiales que no tienen ningún interés
nutricional y que sólo aportan calorías.
El
consumo de azúcares debe ser moderado para evitar problemas derivados como
caries dental, sobrepeso o alteraciones en los niveles de las hormonas que
regulan la glucosa, como la insulina. Así, se establece como recomendación que
el consumo diario de azúcares simples debe representar, como máximo, un 10% de
las calorías diarias totales. Por ejemplo, en una dieta de 2000 calorías, no
debemos consumir más de 50 gramos de azúcares. Aunque este objetivo en un
primer momento nos pueda parecer fácil de cumplir, si tenemos en cuenta el
azúcar oculto en los alimentos, no es nada simple.
Por
norma general podemos decir que ingerimos diariamente más azúcares simples de
los que deberíamos, muchas veces sin ser conscientes de ello. Una recomendación
es evitar consumir demasiados alimentos procesados con muchos azúcares en su
composición (refrescos, bollería, dulces…) en beneficio de otros alimentos
frescos que ya contienen azúcar de manera natural (leche, miel o frutas).
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