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jueves, 25 de octubre de 2012

FOBIAS ALIMENTARIAS I


Todos hemos escuchado (o incluso dicho) alguna vez “No me gusta este alimento o aquel otro”, “¿Y lo probaste?”, “No, pero no quiero”. Esto suele ser habitual en niños a la hora comer, pero también hay adultos en el mismo caso. La aversión a ingerir una comida determinada o la repulsión a un alimento concreto está catalogado como un tipo de fobia hacia los alimentos o hacia el propio acto de comer.

Se da un caso de fobia alimentaria cuando, tras descartar las preferencias o gustos personales alimentarios, el tener que probar un alimento ocasiona en la persona una fuerte ansiedad que se acompaña de miedo irracional e intenso, además de un rechazo compulsivo, inmediato y profundo hacia el alimento en cuestión. Para diagnosticar y tratar una fobia alimentaria es básico explorar las emociones que la persona experimenta ante la comida, ya que en caso de fobia suele asociarse el alimento con sensación de malestar profundo, peligro, o con una experiencia desagradable.
Las causas de una fobia alimentaria pueden ser muy diversas: atragantamiento con ese alimento, pesadillas infantiles el mismo día que se ingirió el alimento, sensación de malestar tras su consumo, atención excesiva y continua frente al contenido de la comida por parte de los padres, asociación de un mal recuerdo al consumo de ese alimento, percepción de acoso continuo por parte de los padres para que se coma ese alimento… Debido a lo anterior, se da lugar al desarrollo de un trauma en la época infantil, dando como resultado el rechazo de esa comida. Si esta fobia es grave, se notará en las relaciones personales, en las actividades cotidianas y a la hora de intentar mantener una alimentación equilibrada.
Existen diferentes tratamientos para las fobias alimentarias. Los primeros especialistas a los que deben acudir las personas que sufren este problema son los psicólogos. Estos especialistas indican que cuanta más presión se ejerza sobre el niño para que supere el problema, más se agravará éste, pudiendo derivar en una fobia crónica. Esta posibilidad es mayor si se llega a críticas o amenazas que provocarán que el niño relacione ese alimento con una situación tensa y desagradable.

Las fobias alimentarias más comunes se dividen en 2 grupos: fagofobia (miedo a tragar) y neofobia (rechazo de alimentos nuevos). Hablaremos de casa uno de estos grupos en posteriores entradas.

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